jueves, 10 de enero de 2013

Cotidiano movimiento

No se sube al transporte público, porque detesta el contacto con la gente. Eso de que siquiera le rozaran un brazo o cualquier célula de su cuerpo, la ponía nerviosa. No le gustaba.
Por eso camina las 16 cuadras que separan el parque con su hogar. Camina con cuidado y mirando al suelo, pasando desapercibida, tal como deseaba. No quería que por nada del mundo le vieran su colgante de gorrión. La hacía sentir segura contra la mala suerte, pero más vulnerable a los robos.
Acercándose al pasaje donde vive, ve que el camión de la basura está haciendo lo suyo, pero no quiere que la vean ni le silben ni le griten piropos, asi que se sienta en una banca que le da la espalda a su camino. Mientras escucha música en sus audífonos trata de inspirarse, pero se da cuenta que la música ha cambiado tanto en su reproductor, que le deja la mente en blanco, la estupidiza. Es una música demasiado pesada y compleja como para pensar en algo más que desmembrarla y buscarle un sentido.
Luego decide que ocho minutos son suficientes como para que el camión se haya alejado de su casa y lo pueda ver en la seguridad de la lejanía de las calles paralelas a su pasaje.

...Pero... ¡SORPRESA!

El camión de basura había desaparecido de la faz de la Tierra.

viernes, 4 de enero de 2013

Como un abejorro

Hubo un tiempo en que todos se sentían orgullosos de ella, donde merecía que la quisieran.
Hoy ella no era nada, un fracaso más del purulento experimento de la sociedad.

... Aún así era feliz.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Los hijos no amados

Anmania salió una noche a caminar sola por el bosque. Era mal visto hacer eso, ya que solo las damas nocturnas andaban solas por allí. Pero Anmania no podía salir con su esposo Arsek y mucho menos con alguno de sus hijos Lertán o Berfoz, ya que iba seducida en sueño por Asmodeo, que la esperaba en la cúspide de la montaña.
Ella no era consiente de que cuando su cuerpo se hizo uno con el masculino, en realidad estaba poseída por el demonio de la lujuria, maquinando en su mente la imagen del hombre con quien se casó. Ella se dejaba llevar, dejaba que la brisa le desparramara el cabello largo de trigo y el vestido de seda de su difunta madre.

Tiempo después (que no podemos definir a causa de una desorientación en las Dominaciones del cielo), Anmania dio a luz a su tercer hijo, tan hermoso como un querubín, con los cabellos tan dorados y brillantes como los rayos del mismísimo Sol, y la piel tan suave y tersa como la porcelana más fina.
De inmediato Arsek sintió una profunda admiración a él. No dejaba que sus hermanos lo miraran siquiera, y con el tiempo Anmania y su esposo dejaron de ponerle por completo atención a Lertán y Berfoz, y concentraron sus cuidados en el pequeño Balban, el engaño de Anmania a su esposo.

Los dos hermanos tratando de buscar agua en el río, cayeron y se ahogaron. Sus espíritus fueron robados por Mefitófeles, y así una vez más el ejército de Satanás ganó puntos extra en contra Dios, por reclutar almas inocentes a su orgía de ánimas en sufrimiento.

sábado, 27 de octubre de 2012

Carta al direcblog

Me pregunto por qué los profesores de castellano le piden a sus alumnos que infieran aspectos psicológicos de los autores de ciertos textos. Es decir, ¿Cómo osan siquiera intentar adivinar cuál es la preocupación del emisor al escribir el texto?¿O qué sentimientos llevaron al autor a escribir aquel poema? O incluso se preguntan ¿Qué quiso expresar el emisor con el fragmento que dice "...el cielo tenía el azul del ayer"?... Quizás sólo quería que el color azul sonara nostálgico, o que el día anterior el cielo era igual de azul, o era lo único que rimaba con el verso anterior.
Por ejemplo ahora, con lo que redacté anteriormente... ¿Qué llevó al emisor a escribir este texto?
Las respuestas especuladas son variadas, pero les diré la respuesta verídica:

No tengo nada mejor que hacer y el almuerzo no está listo aún.

domingo, 7 de octubre de 2012

Fama

Tocó las puertas de cada casa preguntando por su amado, y le decían que ya no estaba allí en Quimbonco, sino que había ido a hacerse famoso al Capitolio.
Paloma había dormido demasiado tiempo, y al despertar no halló más que personas que apenas conocían a Samuel, su amado, y que sólo le contaban los estragos de la guerra civil. 
Caminó a paso lento todas las millas que separaban Quimbonco del Capitolio, para al llegar darse cuenta de que los comerciantes, cobradores y animales no eran otra cosa que fantasmas con un pie en la muerte y otro en la tierra que amaban, pues la música de Samuel y su mensaje de vida se les había grabado en el alma, y pese a las explosiones de granadas y ráfagas de balas asesinando a los habitantes, ninguno se había podido ir completamente.
Por eso siguió buscando en callejones, avenidas y plazas a su amado, con la esperanza de por lo menos pedirle el nombre del hijo que gestaba en el fondo de su vientre. Pero algo recordaba ella de Samuel... que era él un hombre lleno de mentira en su boca, en su alma y hasta en sus vísceras.
Cuando recorrió cada centímetro interrogando hasta a los microbios sin encontrar a su amado, sus sospechas fueron acertadas... Samuel no creía en su música y con la guerra civil ya había susurrado adiós.

Ella llegó demasiado tarde.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Flor

Había una vez una semilla que plantaron dos manos de personas distintas. Creció, soportó varios inviernos y heladas, pero se iba torciendo con ellas.
Luego el botón floreció negro, y a los jardineros no les gustaba, pero no la cortaban ya que confiaban en que la próxima primavera florecería más alegre.
Pero no fue así, y estuvo toda su existencia arruinando el patio de los Ortega.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Tía Katrina

Todos... absolutamente todos menos ella, sabían.
Sabían que cada vez que ella hacía torta de frambuesas, alguien en la ciudad se moría de un infarto al miocardio. Pero nadie decía nada, para poder seguir disfrutando el postre de la Tía Katrina.
Todos callados comiendo, mientras pensaban como alguien, en alguna parte, daba su última exhalación.
Todos en silencio, los muy egoístas desgraciados.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Gracia

Se subió al transporte público y por primera vez no saludó al conductor. Algo realmente raro sucedía.
Miró el suelo durante una hora, llorando. Todas las canciones acompañaban sus lágrimas. Algunas más que otras, pero Barry White, De Saloon y Alicia Keys narraban con certeza su vida.
No levantaba la vista del suelo, pero ella sabía que la miraban, y sus botas estaban ya mojadas.

Hace un rato le había dicho adiós… y se fue caminando con los tontos pensamientos de que al girarse él estaría a un metro de ella, o que al subirse al colectivo estaría él esperándola… y lloraba aun más al comprobar que sus fantasías no eran más que eso, pero no lo culpaba… sólo se tragaba sus gritos y dejaba que se resbalara el agua por sus mejillas.
En el viaje pensó que tal vez había alguien observándola y especulando acerca de lo que le sucedía, tal como lo hacía él al mirar a los hacedores de completos armar la comida… eso le daba tanta risa antiguamente, pero ahora sólo la hacía llorar. Había tantas cosas por las que lo amaba y sólo una que no le permitía tenerlo.

Se prometieron cuidarse y reservarse hasta que hayan aparecido surcos en sus caras, porque ella no era de nadie más que de él, y cuando ya no sea así no tendrá importancia alguna porque ambos habrán fallecido. Aun así, no le gustó la despedida, ya que él no le dijo mucho… ella no supo si era una muestra de decepción y miedo, o que pensaba que era lo mejor. Ojalá hubiese sido más sincero conmigo.

La tristeza es siempre el motivo de su inspiración, por lo que recordaba porqué prefiere los números a las letras, los órganos del cuerpo a los países de Sudamérica… porque los escritores son unos infelices. Debería romper todo lo que le permite escribir y haberse comprado hace tiempo ese estúpido libro de recuerdos.

Él habría terminado en una banda de música mala y ella en un burdel, de no ser porque su vehículo chocó. Qué gracia usar la intertextualidad y el estilo indirecto libre. Y murió.