Iba yo camino a mi hogar, después de la misa del domingo, cuando vi sobre las rejas de una casa, apoyado a un pajarito. Lo miré y le sonreí mientas pasaba, y él se quedó quieto y me siguió con sus diminutos ojitos negros.
Más adelante, sobre un árbol adyacente al camino, un pajarito idéntico al anterior llegó a posarse en una rama y le sonreí también.
Cuando estaba por llegar a mi hogar, un tercer pajarito igual a los dos anteriores se paró en la vereda, frente a mí. No pude seguir mi camino pues no quería que se echara a volar... considero que las personas deberíamos ser generosas con las aves, ya que nos tienen mucho miedo y sería lindo que volvieran a posarse en los hombros de las cantantes y a tomar agua en las piletas públicas, como aparece en las películas.
- Eres muy bonita ¿Lo sabías? - Me dijo el pajarito. Como nunca había tenido una tertulia con un animal, me petrifiqué. Luego de éso, llegó un ave de la misma especie, pero más grande, y con voz de señora le gritó:
- ¡YA ESTOY HARTA DE QUE SEAS TAN DON JUAN CON OTRAS!¡NO REGRESES AL NIDO! - Y se fue volando enfadada. Yo seguía perpleja.
Entonces el pajarito con cabeza gacha me preguntó si podía quedarse en mi casa. No lo dije verbalmente, pero asentí con la cabeza, y de inmediato voló a mi hombro, como en las películas.
Le dí miguitas de pan y agua, y en un gran trozo de algodón le hice una cama.
Más tarde se encontraba el pajarito observándome leer una novela, con los ojos perdidos en mi persona.
- ¿Qué te pasa pajarito?
- Nada. Sólo que eres muy linda.
Pasadas las diez de la noche llegó Francisco, mi prometido, con flores y un beso para mí.
- ¡¡¡¡TENÍAS A OTRO Y NO ME LO DIJISTE!!!! - Exclamó el pajarito exaltado. Luego revoloteó por todo el living, botando libros, jarrones, floreros y adornos. Se escondió en lo alto del mueble de los platos de mi cocina y por mucho que le rogara que tenía una explicación (inexistente en realidad), no bajaba de ahí.
Media hora más tarde bajó pelado. Sin más plumas que las que en sus alas le permitía alzar vuelo. Salió por la ventana y en una lámpara de la calle se puso a piar tristemente, en la oscura y gélida noche.
A la mañana siguiente, un niño del condominio me contó que su gato "Lanudo" había llevado a la puerta de su casa un pájaro calvo. No pude hacer más que encogerme por dentro, y no volver a sonreír en las calles.
viernes, 25 de noviembre de 2011
jueves, 3 de noviembre de 2011
Música
Con vestidos lilas giraban y giraban las bailarinas, mientras las guitarras sonaban soñadoras.
Hoy será el día en que te lo diré. Algo que nunca se lo dije a nadie, hasta hoy.
Las calles están mojadas y y el fuego en el horizonte.
Estoy segura de que me creerás. Éso creo. Nunca creí poder decirlo, hasta hoy.
Y todas las rosas esperan que te lo diga, y todas las luces brillan encantadoras.
Hay tantas cosas acá y te las diré el día de hoy.
Porque quizás mañana ya todo sea distinto, pero seguiré amándote.
Hoy será el día en que te lo diga. Pero ahora no estoy segura de qué hacer. No sé que sentir.
Y las rosas está expectantes, y las luces luminosas.
Por eso digo que quizás mañana ya todo sea distinto... Luego de que te lo diga, todo será distinto.
Por eso digo quizás...
Detrás de las rocas se encuentra el país de las maravillas, donde yo te amo y te digo que quizás todo sea distinto mañana.
Hoy será el día en que te lo diré. Algo que nunca se lo dije a nadie, hasta hoy.
Las calles están mojadas y y el fuego en el horizonte.
Estoy segura de que me creerás. Éso creo. Nunca creí poder decirlo, hasta hoy.
Y todas las rosas esperan que te lo diga, y todas las luces brillan encantadoras.
Hay tantas cosas acá y te las diré el día de hoy.
Porque quizás mañana ya todo sea distinto, pero seguiré amándote.
Hoy será el día en que te lo diga. Pero ahora no estoy segura de qué hacer. No sé que sentir.
Y las rosas está expectantes, y las luces luminosas.
Por eso digo que quizás mañana ya todo sea distinto... Luego de que te lo diga, todo será distinto.
Por eso digo quizás...
Detrás de las rocas se encuentra el país de las maravillas, donde yo te amo y te digo que quizás todo sea distinto mañana.
lunes, 31 de octubre de 2011
Desde cierto Reino
Estoy emocionada. Escribo rápido y mis manos golpean con dureza el teclado. Éste ya ha intentado escapar una, dos, tres, cuatro veces, pero del cable lo agarro y le ordeno que vuelva a mi escritorio.
He encontrado el lugar perfecto para construir nuestro Reino.
Se encuentra en cierto lugar, cuyas coordenadas geográficas podemos ubicar sólo tú y yo.
Es un lugar precioso, te lo prometo. Con árboles de cerezo frondosos y rosados, pasto largo y florido con unos vegetales con cobertura de plumón, dulces y jugosos, y ganado de frutas coloridas.
¡Sueles hacerme creer que todo ésto existe! Y que un señor grande e invisible nos cuida y nos mira. ¡Te amo tanto!
Pero amor... Todo esto realmente existe. Mírame, quizás dentro de mi iris veas todo lo que yo veo. A veces no sabes de lo que hablo. No sabes de lo que escribo. El problema está sólo en que no ves las cosas desde mi iris, y las imágenes se reflejan en tus ojos tamizadas en castaño. Esta vez deben tamizarse verde.
Pero me cuesta tamizarlas verde, porque tengo los ojos castaños.
¿Cómo voy a construirte un Reino si no lo vas a poder ver?
Lo veré, pero castaño.
Es mucho más hermoso en verde... ¿Alguna vez verás el Reino como lo veo yo?
Tal vez, tal vez. Pero háblame más acerca del Reino, ¿allí se cumplirán todos nuestros sueños?
Quisiera mucho eso, pero no sé si mis sueños coinciden con los tuyos... Yo quiero allí vivir siempre contigo.
¡Pero amor! Las personas no vivimos para siempre.
El Reino se desmorona porque tiene demasiadas fallas. No he sido una gran arquitecta y el ánimo de los deditos que golpeaban el teclado ahora se deslizan con lentitud para cada palabra. Y el teclado quiere que lo siga acariciando porque le estaba encantando la idea del Reino. Pero tiene demasiadas fallas y se desmorona, se vuelve no tan atractivo y ya no quiero construirlo hasta que lo veamos del mismo color... ¡¿No puedes decirme "SÍ" nada más?!
Vivamos en una casita mejor...
He encontrado el lugar perfecto para construir nuestro Reino.
Se encuentra en cierto lugar, cuyas coordenadas geográficas podemos ubicar sólo tú y yo.
Es un lugar precioso, te lo prometo. Con árboles de cerezo frondosos y rosados, pasto largo y florido con unos vegetales con cobertura de plumón, dulces y jugosos, y ganado de frutas coloridas.
¡Sueles hacerme creer que todo ésto existe! Y que un señor grande e invisible nos cuida y nos mira. ¡Te amo tanto!
Pero amor... Todo esto realmente existe. Mírame, quizás dentro de mi iris veas todo lo que yo veo. A veces no sabes de lo que hablo. No sabes de lo que escribo. El problema está sólo en que no ves las cosas desde mi iris, y las imágenes se reflejan en tus ojos tamizadas en castaño. Esta vez deben tamizarse verde.
Pero me cuesta tamizarlas verde, porque tengo los ojos castaños.
¿Cómo voy a construirte un Reino si no lo vas a poder ver?
Lo veré, pero castaño.
Es mucho más hermoso en verde... ¿Alguna vez verás el Reino como lo veo yo?
Tal vez, tal vez. Pero háblame más acerca del Reino, ¿allí se cumplirán todos nuestros sueños?
Quisiera mucho eso, pero no sé si mis sueños coinciden con los tuyos... Yo quiero allí vivir siempre contigo.
¡Pero amor! Las personas no vivimos para siempre.
El Reino se desmorona porque tiene demasiadas fallas. No he sido una gran arquitecta y el ánimo de los deditos que golpeaban el teclado ahora se deslizan con lentitud para cada palabra. Y el teclado quiere que lo siga acariciando porque le estaba encantando la idea del Reino. Pero tiene demasiadas fallas y se desmorona, se vuelve no tan atractivo y ya no quiero construirlo hasta que lo veamos del mismo color... ¡¿No puedes decirme "SÍ" nada más?!
Vivamos en una casita mejor...
lunes, 29 de agosto de 2011
Cosas que pasaron en algunos momentos, en orden cronológico
Un joven se afeita por primera vez y se hiere las mejillas con la hoja afilada, luciendo varios puntitos de sangre en su rostro, mientras su hermano abre la puerta de su hogar.
Una mujer de pelo corto y rubio manda a su hija a pasear a su mascota.
Un pie con un zapato que no es de marca, aplasta deliberadamente un excremento blando de perro. El dueño del pie mira con desprecio todas las personas que van con sus animalitos.
Dos personas que no se conocen chocan sus hombros, haciendo que un hematoma quiera aparecer en la zona dañada. Pensamientos feos, de discordialidad y enfado florecen en las cabezas de ambos.
El heladero de la calle Corrientes entrega un helado de bocado y otro de frutilla ¡Al mismo tiempo!
Una turista en Buenos Aires cickea el botón de disparo de su cámara, digitalizando el momento en que unos bailarines de tango se dan un fugaz beso entre los pasos acelerados del baile.
Cuando millones de campanas sonaron, todas las palomas blancas alzaron vuelo ¡Qué maravillosa boda! Todos contentos con la unión de dos excelentes amantes.
En la cama: unos pétalos y unas sábanas que envolvían dos almas. En el suelo: ropa formal arrugada y dispersa, unas alfombras y el reloj de él.
Una mujer en la clínica puja por última vez antes de que nazca su primogénito ¡Es niña! gritó su marido, a punto de desmayarse y con la cara de muchos colores distintos.
En un departamento familiar celebran la Navidad un hombre que conoció a su mujer el día en que estrenó su primera hoja de afeitar, chocando con ella después de haber pisado la caca de su perro. Una mujer que ganó sus primeros pesos bailando tango con quien ahora es su marido. Y una niña que fue concebida luego de una fiesta formal.
Una mujer de pelo corto y rubio manda a su hija a pasear a su mascota.
Un pie con un zapato que no es de marca, aplasta deliberadamente un excremento blando de perro. El dueño del pie mira con desprecio todas las personas que van con sus animalitos.
Dos personas que no se conocen chocan sus hombros, haciendo que un hematoma quiera aparecer en la zona dañada. Pensamientos feos, de discordialidad y enfado florecen en las cabezas de ambos.
El heladero de la calle Corrientes entrega un helado de bocado y otro de frutilla ¡Al mismo tiempo!
Una turista en Buenos Aires cickea el botón de disparo de su cámara, digitalizando el momento en que unos bailarines de tango se dan un fugaz beso entre los pasos acelerados del baile.
Cuando millones de campanas sonaron, todas las palomas blancas alzaron vuelo ¡Qué maravillosa boda! Todos contentos con la unión de dos excelentes amantes.
En la cama: unos pétalos y unas sábanas que envolvían dos almas. En el suelo: ropa formal arrugada y dispersa, unas alfombras y el reloj de él.
Una mujer en la clínica puja por última vez antes de que nazca su primogénito ¡Es niña! gritó su marido, a punto de desmayarse y con la cara de muchos colores distintos.
En un departamento familiar celebran la Navidad un hombre que conoció a su mujer el día en que estrenó su primera hoja de afeitar, chocando con ella después de haber pisado la caca de su perro. Una mujer que ganó sus primeros pesos bailando tango con quien ahora es su marido. Y una niña que fue concebida luego de una fiesta formal.
domingo, 24 de julio de 2011
Anuncio desagradable
Miles de despertadores molestando estrepitosamente en los veladores de todos los jóvenes y niños.
Hoy cuesta más que nunca sacar los pies de las camas calentitas porque cada alma a esta hora mira por su ventana y descubre que aún es de noche, pero hay que levantarse igual.
Dos semanas que se fueron más rápido que un pestañeo mirando al profesor.
¿Qué es este extraño caudal de líquido que viaja por las calles?
Ríos anchos de lágrimas avanzan por la ciudad y el llanto y griterío de los más pequeños se concertan para crear una sinfonía de lamentos espeluznante.
Como robots, todos los menores se ponen los bolsos y mochilas al hombro y se preparan para salir de sus casas calefaccionadas con estufas a gas o parafina. Al abrir la puerta, el invierno les da a todos una cachetada helada en las mejillas, que hace que sus ojos lloren, que el pecho les duela, que les piquen las manos.
En las mentes de todos más que claro está, pero un último intento no está de sobra:
¡MAMÁ, NO QUIERO IR AL COLEGIO!
Estimada población juvenil : Me es un desagrado anunciar que se acabaron las vacaciones de invierno.
Hoy cuesta más que nunca sacar los pies de las camas calentitas porque cada alma a esta hora mira por su ventana y descubre que aún es de noche, pero hay que levantarse igual.
Dos semanas que se fueron más rápido que un pestañeo mirando al profesor.
¿Qué es este extraño caudal de líquido que viaja por las calles?
Ríos anchos de lágrimas avanzan por la ciudad y el llanto y griterío de los más pequeños se concertan para crear una sinfonía de lamentos espeluznante.
Como robots, todos los menores se ponen los bolsos y mochilas al hombro y se preparan para salir de sus casas calefaccionadas con estufas a gas o parafina. Al abrir la puerta, el invierno les da a todos una cachetada helada en las mejillas, que hace que sus ojos lloren, que el pecho les duela, que les piquen las manos.
En las mentes de todos más que claro está, pero un último intento no está de sobra:
¡MAMÁ, NO QUIERO IR AL COLEGIO!
Estimada población juvenil : Me es un desagrado anunciar que se acabaron las vacaciones de invierno.
jueves, 30 de junio de 2011
Alegre y melancólica
Una melodía intermitente. Primero alegre y luego melancólica. Alegría, melancolía, alegría melancolía. Me hace recordar tu estado de salud. Te mejoras, recaes, mejora, recaída. ¿Por qué nunca me contaste de tan terrible condición médica? Y ahora que atrapado en tus redes amorosas estoy, no puedo... no puedo soltar tu mano gris y fría como las calles que paseo a pie para llegar al hospital donde yaces.
Amaba tu sonrisa y tu cabello reluciente al sol. Ahora no hay sol. Sólo invierno y ampolletas de carnicería lúgubres y blancas, blancas. Tan blancas como la dama Luna con la que juegas al póker en sueños apostando la vida. Aún no pierdes. Me alegro mucho, pero... melancolía porque estás postrada en esta fea camilla.
¿¿¡¡POR QUÉ ME HAS HECHO ÉSTO!!??
Tan hermosa pero tan muerta. Para acabar con esta paradoja debería ahogarte con la almohada en que reposa tu bellísima cabeza. Así no dolería más. No más dolor. No quiero sufrir más. Pero ¿cómo podría hacerte daño si te amo tanto? Pero... ¿cómo puedes hacerme tanto daño si me amas tanto?
¿Me amas, me amas, me amas?
Ni siquiera sé si sientes algo conectada a tantas máquinas. Lo único que viene de ti son los "tuut tuut tuut" que indican que tu corazón aún late... esos "tuuts" son música de fondo en mis pesadillas. Y no quiero tener pesadillas.
Desconecto la radio para no oír más esa melodía intermitente que me hace recordar tu estado de salud.
Amaba tu sonrisa y tu cabello reluciente al sol. Ahora no hay sol. Sólo invierno y ampolletas de carnicería lúgubres y blancas, blancas. Tan blancas como la dama Luna con la que juegas al póker en sueños apostando la vida. Aún no pierdes. Me alegro mucho, pero... melancolía porque estás postrada en esta fea camilla.
¿¿¡¡POR QUÉ ME HAS HECHO ÉSTO!!??
Tan hermosa pero tan muerta. Para acabar con esta paradoja debería ahogarte con la almohada en que reposa tu bellísima cabeza. Así no dolería más. No más dolor. No quiero sufrir más. Pero ¿cómo podría hacerte daño si te amo tanto? Pero... ¿cómo puedes hacerme tanto daño si me amas tanto?
¿Me amas, me amas, me amas?
Ni siquiera sé si sientes algo conectada a tantas máquinas. Lo único que viene de ti son los "tuut tuut tuut" que indican que tu corazón aún late... esos "tuuts" son música de fondo en mis pesadillas. Y no quiero tener pesadillas.
Desconecto la radio para no oír más esa melodía intermitente que me hace recordar tu estado de salud.
martes, 17 de mayo de 2011
Agonía
Detente un segundo y observa su último suspiro... podría ser lo más hermoso y triste que verás en tu vida... o en el día.
Cleopatra ya no quiere más.
Ya no mira al sol con dulzura y vigor. Su lozanía se le ha escapado y el verdor de sus hojas se extinguió dejándola amarillenta como los dientes de un fumador. No brilla a la claridad del otoño, y sus tallos se inclinan con vergüenza porque le ha ganado el frío.
Frío, frío.
El helado viento mordisquea el borde de sus hojas y éstas se doblan y entristecen.
Cada pétalo rosado ahora se posa sobre la almohada de tierra en su macetero de greda y lento, lento se pudren y la envejecen aún más.
Llora, llora Cleopatra. Llora sus flores, su hermosura, su vida.
¿Cómo tan poderosa belleza puede morir?
Las nubes grises se ríen de ella.
Es un león sin su melena. Una cebra sin rayas. Un pavo real sin cola.
Es una planta sin hojas, sin pétalos y sin vida, literalmente.
Frío, frío derrotó a Cleopatra.
El otoño sin compasión le arrancó su último respiro. Yace ahora su esqueleto de celulosa seco incrustado en la tierra fría... fría.
Cleopatra ya no quiere más.
Ya no mira al sol con dulzura y vigor. Su lozanía se le ha escapado y el verdor de sus hojas se extinguió dejándola amarillenta como los dientes de un fumador. No brilla a la claridad del otoño, y sus tallos se inclinan con vergüenza porque le ha ganado el frío.
Frío, frío.
El helado viento mordisquea el borde de sus hojas y éstas se doblan y entristecen.
Cada pétalo rosado ahora se posa sobre la almohada de tierra en su macetero de greda y lento, lento se pudren y la envejecen aún más.
Llora, llora Cleopatra. Llora sus flores, su hermosura, su vida.
¿Cómo tan poderosa belleza puede morir?
Las nubes grises se ríen de ella.
Es un león sin su melena. Una cebra sin rayas. Un pavo real sin cola.
Es una planta sin hojas, sin pétalos y sin vida, literalmente.
Frío, frío derrotó a Cleopatra.
El otoño sin compasión le arrancó su último respiro. Yace ahora su esqueleto de celulosa seco incrustado en la tierra fría... fría.
martes, 3 de mayo de 2011
Un lápiz nuevo
Camino a mi casa me fui observando las tiendas de la avenida.
Me llamó la atención una que era sombría, casi imperceptible, y que tenía una letrero con la forma de una inmensa lombriz, asi que, a pesar de que tenía tarea que hacer, entré por curiosidad. El típico sonido de campanitas que suelen hacer las puertas de las tiendas cuando alguien entra, era más bien un ruido de gruñidos a volumen bajo. El vendedor, detrás de una mesa cuya superficie sostenía la caja registradora y algunos artículos baratos, tenía el pelo negro y hasta los hombros, usaba una capa azul marino y un sombrero redondo y abultado del mismo color, que daba a su cabeza aspecto de hongo. Parecía un vagabundo completamente loco.
Vi muchísimos objetos no identificables, y lo menos fantástico que encontré, fue un lápiz a pasta con forma de serpiente, y como llevaba algo de dinero, lo compré.
Cuando estuve sentado en mi escritorio dispuesto a hacer mi tarea decidí usar el lapiz nuevo. Enrosqué la cola de la serpiente para que se descubriera la punta y comenzar a trazar los números de los deberes de matemáticas, pero al presionarlo contra el papel, el lápiz se volvió blando y se deslizó por mis dedos como una verdadera serpiente, hasta trepar a la ventana donde se giró para decirme entre siseos "No se lo cuentes nunca a nadie".
Después de éso se fue, dejándome con un temor inmenso a entrar a tiendas desconocidas.
Me llamó la atención una que era sombría, casi imperceptible, y que tenía una letrero con la forma de una inmensa lombriz, asi que, a pesar de que tenía tarea que hacer, entré por curiosidad. El típico sonido de campanitas que suelen hacer las puertas de las tiendas cuando alguien entra, era más bien un ruido de gruñidos a volumen bajo. El vendedor, detrás de una mesa cuya superficie sostenía la caja registradora y algunos artículos baratos, tenía el pelo negro y hasta los hombros, usaba una capa azul marino y un sombrero redondo y abultado del mismo color, que daba a su cabeza aspecto de hongo. Parecía un vagabundo completamente loco.
Vi muchísimos objetos no identificables, y lo menos fantástico que encontré, fue un lápiz a pasta con forma de serpiente, y como llevaba algo de dinero, lo compré.
Cuando estuve sentado en mi escritorio dispuesto a hacer mi tarea decidí usar el lapiz nuevo. Enrosqué la cola de la serpiente para que se descubriera la punta y comenzar a trazar los números de los deberes de matemáticas, pero al presionarlo contra el papel, el lápiz se volvió blando y se deslizó por mis dedos como una verdadera serpiente, hasta trepar a la ventana donde se giró para decirme entre siseos "No se lo cuentes nunca a nadie".
Después de éso se fue, dejándome con un temor inmenso a entrar a tiendas desconocidas.
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