Desperté recordando la pesadilla
temiendo haber mojado mi cama de miedo
pero me encontré recostada en una camilla
comprobando que todo había sido cierto.
Un tubo salía de mi nariz a una máquina.
Intenté sacarlo y ¡Dios mío! Solté una lágrima.
¡Me era imposible mover un brazo!
Intenté con mis pies pero no había caso.
Una enfermera acudió a mi cuarto.
Había sido atraída por mi llanto.
Dijo que era raro que pudiera pestañear
luego de ese terrible daño cerebral.
¿Estaba condenada por el mente insana?
¿Debía quedarme de por vida en cama?
Puse mis posibilidades en una balanza
y sola ahí tirada perdí toda esperanza.
Pero ¿quién es éste que me trata con tanto cariño,
con la ternura con que actuaría un niño?
¿Un rayo de sol en esta lluvia incansable?
¿Qué personaje adoptó forma amable?
Es el doctor a cargo de mi rehabilitación,
hombre con quien me casé dos años después.
Tenemos una hermosa relación.
Gracias a él puedo mover brazos y pies.
Todo mi amor y trabajo se los dedico.
Nunca conocí a nadie tan sincero y fiel.
Me devolvió la vida que se había llevado el enfermo.
Ahora soy una exitosa abogada gracias a él.
Tal vez nada de esto habría sucedido
sin aquel loco asesino del Café.
Deben ser las cosas del destino.
Da igual, enserio, ya lo superé.
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miércoles, 19 de enero de 2011
martes, 13 de julio de 2010
Café de Tarde
En ese instante de aquel momento
todos mis recuerdos pasaron lento
detalle a detalle, pero en un segundo
y antes de que mi sangre volara al viento.
Siempre fui mujer independiente.
No así mi madre, era diferente.
Una suelta cualquiera, callejera,
en cada esquina un pretendiente.
Sola crecí, sin nadie a mi lado,
porque jamás tuve a un ser amado.
Conocí a muchos y a su jodida hipocresía
y entonces decidí no unirme a nadie en la vida.
¿Los estudios? En una escuela del Estado.
Quería una beca así que me esforcé.
Lo que haría era convertirme en abogado.
¡Qué curioso! Éso estaba estudiando en el café.
Con galletitas, desayunando sola, sentada
irrumpió en el Café el enfermo mente insana.
Decidió llevarme consigo al otro mundo
y partirme la cabeza esa hermosa mañana.
Mi luz interior se apagó...
Pero un shock eléctrico me despertó,
y si la ambulancia no hubiese llegado temprana
ahora no oiría el sonar del electrocardiograma.
todos mis recuerdos pasaron lento
detalle a detalle, pero en un segundo
y antes de que mi sangre volara al viento.
Siempre fui mujer independiente.
No así mi madre, era diferente.
Una suelta cualquiera, callejera,
en cada esquina un pretendiente.
Sola crecí, sin nadie a mi lado,
porque jamás tuve a un ser amado.
Conocí a muchos y a su jodida hipocresía
y entonces decidí no unirme a nadie en la vida.
¿Los estudios? En una escuela del Estado.
Quería una beca así que me esforcé.
Lo que haría era convertirme en abogado.
¡Qué curioso! Éso estaba estudiando en el café.
Con galletitas, desayunando sola, sentada
irrumpió en el Café el enfermo mente insana.
Decidió llevarme consigo al otro mundo
y partirme la cabeza esa hermosa mañana.
Mi luz interior se apagó...
Pero un shock eléctrico me despertó,
y si la ambulancia no hubiese llegado temprana
ahora no oiría el sonar del electrocardiograma.
miércoles, 16 de junio de 2010
Café Mañanero
Sentada en un Café y comiendo galletitas
sentí un ruido fuerte en la ventanilla.
Miré desconcertada un hoyito en el vidrio
y en el piso con sangre el camarero Isidro.
Una bala de gran calibre entró por su oreja
y un trozo de cerebro saltó hasta mi mesa.
En eso comprendí que era un asalto,
y un tipo de negro gritó "¡Manos en alto!"
Jamás vi un arma más amenazadora.
El hombre se detiene y en pensar se demora.
Finalmente, se aclaró algo la garganta
y pronunció estas palabras con pausa:
"Mi vida es solitaria y quiero terminarla"
comenzó diciendo y apuntándome la espalda.
"Me siento abandonado y poco querido,
y al suicidarme quiero a alguien conmigo"
Pobre hombre con problemas psiquiátricos.
Miré a mi alrededor y descubrí rápido
caritas asustadas de niños pequeños
demasiado jóvenes para que la muerte fuera su dueño.
Me ofrecí como la compañera del asesino,
pues me conmovían los rostros de los niños.
Juntamos nuestras cabezas al centro de la sala
y de un solo "¡BANG!" nos atravesó una bala.
sentí un ruido fuerte en la ventanilla.
Miré desconcertada un hoyito en el vidrio
y en el piso con sangre el camarero Isidro.
Una bala de gran calibre entró por su oreja
y un trozo de cerebro saltó hasta mi mesa.
En eso comprendí que era un asalto,
y un tipo de negro gritó "¡Manos en alto!"
Jamás vi un arma más amenazadora.
El hombre se detiene y en pensar se demora.
Finalmente, se aclaró algo la garganta
y pronunció estas palabras con pausa:
"Mi vida es solitaria y quiero terminarla"
comenzó diciendo y apuntándome la espalda.
"Me siento abandonado y poco querido,
y al suicidarme quiero a alguien conmigo"
Pobre hombre con problemas psiquiátricos.
Miré a mi alrededor y descubrí rápido
caritas asustadas de niños pequeños
demasiado jóvenes para que la muerte fuera su dueño.
Me ofrecí como la compañera del asesino,
pues me conmovían los rostros de los niños.
Juntamos nuestras cabezas al centro de la sala
y de un solo "¡BANG!" nos atravesó una bala.
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