Pantalones angostos, camisa cuadrillé, y zapatos de caña alta me vistieron para ir a la casa de mi novio.
Fui al paradero más cercano a mi casa a esperar que pasara el colectivo que me deja a media cuadra de su hogar. Pasaron unos cuatro buses que no tomé. Pero no importa, no iba apurada. Así son las vacaciones. HAY tiempo.
Me senté en el paradero a esperar. Miré hacia el lado y... un chico... demasiado guapo... algo mayor, vestido con pantalones angostos y un piercing que le cruzaba toda la oreja. Qué rudo.
Lo observaba por el rabillo del ojo y me sorprendía que no dejase de mirarme. Giré mi cabeza para encontrarme con sus ojos pero bajó la mirada y se fijó en sus zapatos.
Llegó otro de los transportes que me sirven para llegar a la casa de Camilo e iba casi vacía así que subí... Él también.
Me senté al principio y el misterioso chico lindo al fondo, así que mi aventura de conocer al personaje no cesaría hasta que me bajara en el paradero de mi destino.
Miraba para atrás ¿Qué esperaba encontrar? "Estás siendo una infiel mental Javierita" me decía mi Yo interior.... Pero... Me sonreía ¿Entiendes? ¿Qué persona me sonríe a mí en un colectivo? Seguramente es porque somos de la "misma especie".
...Valor. Nadie en ese bus me conocía. Me levanté y paseé por el pasillo del móvil hasta llegar un asiento más adelante que él. Nos miramos y reímos, como hablando por telepatía, pero no era la realidad pues anhelaba desesperadamente saber qué era lo que pasaba por su cabeza con cabellos color azabache.
¡NO! Llegué al paradero en el cual debía bajarme y su sonrisa se transformó en una mueca de pena.
Se abrieron las puertas y lentito bajé las escalas mientras lo miraba. Se cruzaron solo dos palabras.
Eduardo dijo él.
Javiera dije yo.
Las puertas se cerraron y el bus salió a la velocidad de la luz impidiéndome ver por última vez a Eduardo.
Y jamás he podido sacarme de la cabeza que cometí adulterio de pensamiento.
domingo, 17 de abril de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
En fila van los niños
¡Miren niños! ¡Ha llegado a la plaza de la rotonda vuestro queridísimo Señor Organillero!
Pero esta vez está más vistoso que los sábados anteriores. Lleva una espléndida chaqueta morada, unas botas con estampado de cebra y un sombrero de copa verde flúor con estampados de flores.
¿Querrá compensar que el sábado de la semana pasada no llegó con su organillo haciendo sonar tiernas y alegres canciones de cajas musicales? Desde que comenzó a frecuentar la plaza El Ojal, nunca se había ausentado a un sábado por la tarde. Dicen algunos adultos que tuvo un problema con la policía, aquellos adultos prohibieron a sus hijos que volvieran a jugar en la plaza, ni siquiera para usar el balancín o los columpios, pero... ¿Qué clase de problema podría causar el más simpático de los organilleros del mundo? Son calumnias las cosas malas que puedan decir acerca del Señor Organillero. Qué bueno que no mucha gente dé credibilidad a los falsos rumores.
Mientras con una mano da vueltas a la manivela de su organillo, con la otra sopla burbujas y llena la plaza de pompas de jabón de todos los colores imaginables. Los niños corren a reventarlas con sus deditos rechonchos, dando saltos y empujándose unos a otros. Pocos llevan dinero suficiente como para comprar una araña de hule o una botella de solución de burbujas. Los que no tienen la posibilidad se contentan con reventar las que hace el Señor Organillero.
¡Llegó la hora del desfile musical!
Comienza a sonar una musiquilla hipnotizante, y varios niños dejan de jugar y siguen al Señor Organillero, que caminando contra el viento hace que giren todos los molinos de papel brillante.
En fila van los niños girando y saltando al son de la canción propuesta por el músico. Se alejan de la plaza. No hay padres que puedan advertir que este señor esté alejando a sus hijos de la plaza. Hay total confianza en el lugar, pues son todos conocidos y de confianza.
Llega el Señor Organillero a su morada, aun con la hipnotizante musiquilla y muchos menores de edad a sus espaldas siguiéndole sin que éste les hubiera hablado en toda la tarde.
¡Qué frío hace en la casa del Señor Organillero! Abre la puerta metálica y ancha al fondo de su hogar y girando la manivela de su organillo con lentitud provoca que los niños, ya con los ojos desorbitados, entren a aquella habitación congelada en cuyo interior hay repisas donde se clasifica sin desorden las extremidades, órganos y sangre de otros niños que habían visitado su hogar algún sábado anterior.
Pero esta vez está más vistoso que los sábados anteriores. Lleva una espléndida chaqueta morada, unas botas con estampado de cebra y un sombrero de copa verde flúor con estampados de flores.
¿Querrá compensar que el sábado de la semana pasada no llegó con su organillo haciendo sonar tiernas y alegres canciones de cajas musicales? Desde que comenzó a frecuentar la plaza El Ojal, nunca se había ausentado a un sábado por la tarde. Dicen algunos adultos que tuvo un problema con la policía, aquellos adultos prohibieron a sus hijos que volvieran a jugar en la plaza, ni siquiera para usar el balancín o los columpios, pero... ¿Qué clase de problema podría causar el más simpático de los organilleros del mundo? Son calumnias las cosas malas que puedan decir acerca del Señor Organillero. Qué bueno que no mucha gente dé credibilidad a los falsos rumores.
Mientras con una mano da vueltas a la manivela de su organillo, con la otra sopla burbujas y llena la plaza de pompas de jabón de todos los colores imaginables. Los niños corren a reventarlas con sus deditos rechonchos, dando saltos y empujándose unos a otros. Pocos llevan dinero suficiente como para comprar una araña de hule o una botella de solución de burbujas. Los que no tienen la posibilidad se contentan con reventar las que hace el Señor Organillero.
¡Llegó la hora del desfile musical!
Comienza a sonar una musiquilla hipnotizante, y varios niños dejan de jugar y siguen al Señor Organillero, que caminando contra el viento hace que giren todos los molinos de papel brillante.
En fila van los niños girando y saltando al son de la canción propuesta por el músico. Se alejan de la plaza. No hay padres que puedan advertir que este señor esté alejando a sus hijos de la plaza. Hay total confianza en el lugar, pues son todos conocidos y de confianza.
Llega el Señor Organillero a su morada, aun con la hipnotizante musiquilla y muchos menores de edad a sus espaldas siguiéndole sin que éste les hubiera hablado en toda la tarde.
¡Qué frío hace en la casa del Señor Organillero! Abre la puerta metálica y ancha al fondo de su hogar y girando la manivela de su organillo con lentitud provoca que los niños, ya con los ojos desorbitados, entren a aquella habitación congelada en cuyo interior hay repisas donde se clasifica sin desorden las extremidades, órganos y sangre de otros niños que habían visitado su hogar algún sábado anterior.
miércoles, 19 de enero de 2011
Café Nocturno
Desperté recordando la pesadilla
temiendo haber mojado mi cama de miedo
pero me encontré recostada en una camilla
comprobando que todo había sido cierto.
Un tubo salía de mi nariz a una máquina.
Intenté sacarlo y ¡Dios mío! Solté una lágrima.
¡Me era imposible mover un brazo!
Intenté con mis pies pero no había caso.
Una enfermera acudió a mi cuarto.
Había sido atraída por mi llanto.
Dijo que era raro que pudiera pestañear
luego de ese terrible daño cerebral.
¿Estaba condenada por el mente insana?
¿Debía quedarme de por vida en cama?
Puse mis posibilidades en una balanza
y sola ahí tirada perdí toda esperanza.
Pero ¿quién es éste que me trata con tanto cariño,
con la ternura con que actuaría un niño?
¿Un rayo de sol en esta lluvia incansable?
¿Qué personaje adoptó forma amable?
Es el doctor a cargo de mi rehabilitación,
hombre con quien me casé dos años después.
Tenemos una hermosa relación.
Gracias a él puedo mover brazos y pies.
Todo mi amor y trabajo se los dedico.
Nunca conocí a nadie tan sincero y fiel.
Me devolvió la vida que se había llevado el enfermo.
Ahora soy una exitosa abogada gracias a él.
Tal vez nada de esto habría sucedido
sin aquel loco asesino del Café.
Deben ser las cosas del destino.
Da igual, enserio, ya lo superé.
temiendo haber mojado mi cama de miedo
pero me encontré recostada en una camilla
comprobando que todo había sido cierto.
Un tubo salía de mi nariz a una máquina.
Intenté sacarlo y ¡Dios mío! Solté una lágrima.
¡Me era imposible mover un brazo!
Intenté con mis pies pero no había caso.
Una enfermera acudió a mi cuarto.
Había sido atraída por mi llanto.
Dijo que era raro que pudiera pestañear
luego de ese terrible daño cerebral.
¿Estaba condenada por el mente insana?
¿Debía quedarme de por vida en cama?
Puse mis posibilidades en una balanza
y sola ahí tirada perdí toda esperanza.
Pero ¿quién es éste que me trata con tanto cariño,
con la ternura con que actuaría un niño?
¿Un rayo de sol en esta lluvia incansable?
¿Qué personaje adoptó forma amable?
Es el doctor a cargo de mi rehabilitación,
hombre con quien me casé dos años después.
Tenemos una hermosa relación.
Gracias a él puedo mover brazos y pies.
Todo mi amor y trabajo se los dedico.
Nunca conocí a nadie tan sincero y fiel.
Me devolvió la vida que se había llevado el enfermo.
Ahora soy una exitosa abogada gracias a él.
Tal vez nada de esto habría sucedido
sin aquel loco asesino del Café.
Deben ser las cosas del destino.
Da igual, enserio, ya lo superé.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Clemente y el gato
La pintura mostraba un gato morado con rayas blancas y ojos verde claro tocando una guitarra con cinco cuerdas.
El gato tenía una mirada serena y una leve sonrisa que le daba un aspecto amigable, y al final de cada bigote había una flor de margarita. Botellas de cerveza vacías estaban desparramadas a sus pies.
Clemente se paró en frente y se puso a conversar con el gato:
- Oye gato ¿sabes dónde he dejado mi calcetín de Israel?
- No Clemente, pero tu sabes que tu madre te deja siempre tres sándwiches de jamón y manjar dentro del congelador.
- ¿Y éso tiene algo que ver con mi calcetín?
- Sólo si anoche soñaste con que yo te hacia un streeptease con el colaless fucsia de la hija mayor de tu vecina.
- ¿¡Cómo demonios sabes de que color...!? ¡YA! ¡No importa!
- ¿Me harías el favor de decirle a mi primo Don Bigotitos que la sopa de algas está enfriándose?
- ¿Qué sopa? ¿Algas? Suena a comida japonesa - Dice Clemente y se ríe apretándose el vientre.
- ¡¡¡No te atrevas a insultar a la sopa de algas!!! ¿Sabes siquiera para qué sirve esa sopa?
- Mmm... nop... pero... seguramente es la que hace que veas gatos morados con rayas blancas hablándote desde una pintura...
- ¡EXACTO! Entonces fui y le di un zarpazo por estúpido y estar hinchándome desde ayer en la madrugada.
- ¿Ah? Creo que perdí el hilo de la conversación...
- Sí, es que yo me lo comí - Sonrió el gato y dejó a la vista cinco hileras de dientes chuecos y de distintas formas.
- Dejando de lado mi calcetín... ¿Dónde está Goguín?
- Tu jodido perro siempre ladrándome. Como si me provocara atarlo con seda dental y esconderlo en el cesto de ropa sucia.
- ¿¡Le has hecho algo a Goguín!?
- Oh silvestres ninfas del arroyo más verde del cielo- Canta el gato.
Clemente corre al cesto de ropa sucia, ubicado junto a la tina del baño y lo vuelca, encontrando a Goguín, su perro beagle, con sus patas y cola amarradas con hilo dental. Vuelve increíblemente enfadado al cuadro para regañar al gato. Cuando se para en frente de él hay en lugar del gato un cartel que dice "Vuelvo en Marzo".
El gato tenía una mirada serena y una leve sonrisa que le daba un aspecto amigable, y al final de cada bigote había una flor de margarita. Botellas de cerveza vacías estaban desparramadas a sus pies.
Clemente se paró en frente y se puso a conversar con el gato:
- Oye gato ¿sabes dónde he dejado mi calcetín de Israel?
- No Clemente, pero tu sabes que tu madre te deja siempre tres sándwiches de jamón y manjar dentro del congelador.
- ¿Y éso tiene algo que ver con mi calcetín?
- Sólo si anoche soñaste con que yo te hacia un streeptease con el colaless fucsia de la hija mayor de tu vecina.
- ¿¡Cómo demonios sabes de que color...!? ¡YA! ¡No importa!
- ¿Me harías el favor de decirle a mi primo Don Bigotitos que la sopa de algas está enfriándose?
- ¿Qué sopa? ¿Algas? Suena a comida japonesa - Dice Clemente y se ríe apretándose el vientre.
- ¡¡¡No te atrevas a insultar a la sopa de algas!!! ¿Sabes siquiera para qué sirve esa sopa?
- Mmm... nop... pero... seguramente es la que hace que veas gatos morados con rayas blancas hablándote desde una pintura...
- ¡EXACTO! Entonces fui y le di un zarpazo por estúpido y estar hinchándome desde ayer en la madrugada.
- ¿Ah? Creo que perdí el hilo de la conversación...
- Sí, es que yo me lo comí - Sonrió el gato y dejó a la vista cinco hileras de dientes chuecos y de distintas formas.
- Dejando de lado mi calcetín... ¿Dónde está Goguín?
- Tu jodido perro siempre ladrándome. Como si me provocara atarlo con seda dental y esconderlo en el cesto de ropa sucia.
- ¿¡Le has hecho algo a Goguín!?
- Oh silvestres ninfas del arroyo más verde del cielo- Canta el gato.
Clemente corre al cesto de ropa sucia, ubicado junto a la tina del baño y lo vuelca, encontrando a Goguín, su perro beagle, con sus patas y cola amarradas con hilo dental. Vuelve increíblemente enfadado al cuadro para regañar al gato. Cuando se para en frente de él hay en lugar del gato un cartel que dice "Vuelvo en Marzo".
martes, 16 de noviembre de 2010
Miércoles
Otro miércoles más de mi existencia.
Me senté en un asiento preferencial del metro, porque los otros estaban ocupados ya que me subo en una estación muy concurrida a toda hora. Me iré al infierno pensé y me pareció gracioso así que sonreí y una señora me miro con cara de reproche ¡¿Por qué?! ¡Claro! Aún me encontraba sentada en un asiento preferencial. Ante la horrenda verruga en su nariz me sentí intimidada. Me paré y me senté en un asiento que estaba desocupado y no era preferencial...Yupi
En frente de mí había una joven sonriendo. Era bastante guapa, por no decir que era bellísima y me provocaba envidia. Alzó la vista, me miró, y juro que sus ojos penetraron los míos y se metieron a mi cerebro escarbándolo y revolviendo todos los recuerdos existentes.
En este lapso de recuerdos en licuadora, el tren salió al exterior. Esta línea no tiene estaciones en la superficie. Miré por la ventanilla y parecía que el metro volaba y paseábamos por un campo. Enderecé mi cabeza nuevamente y la joven susurró:
- Que rico huele el desparacitador de tu gato, envidiosa. ¡MIAU!
Y me desperté en el suelo del baño de mi humilde departamento, con el mata-pulgas derramado por todas partes e impregnado en mi ropa, y Arnold maullando desesperado sobre el lavamanos.
Me senté en un asiento preferencial del metro, porque los otros estaban ocupados ya que me subo en una estación muy concurrida a toda hora. Me iré al infierno pensé y me pareció gracioso así que sonreí y una señora me miro con cara de reproche ¡¿Por qué?! ¡Claro! Aún me encontraba sentada en un asiento preferencial. Ante la horrenda verruga en su nariz me sentí intimidada. Me paré y me senté en un asiento que estaba desocupado y no era preferencial...Yupi
En frente de mí había una joven sonriendo. Era bastante guapa, por no decir que era bellísima y me provocaba envidia. Alzó la vista, me miró, y juro que sus ojos penetraron los míos y se metieron a mi cerebro escarbándolo y revolviendo todos los recuerdos existentes.
En este lapso de recuerdos en licuadora, el tren salió al exterior. Esta línea no tiene estaciones en la superficie. Miré por la ventanilla y parecía que el metro volaba y paseábamos por un campo. Enderecé mi cabeza nuevamente y la joven susurró:
- Que rico huele el desparacitador de tu gato, envidiosa. ¡MIAU!
Y me desperté en el suelo del baño de mi humilde departamento, con el mata-pulgas derramado por todas partes e impregnado en mi ropa, y Arnold maullando desesperado sobre el lavamanos.
jueves, 21 de octubre de 2010
Se le ruega atentamente
Estimado vicepresidente de La Empresa:
Sepa usted que intentaré dar el mínimo de rodeos posibles porque lo que tengo que decir es suficientemente puntual.
Estamos realmente hostigados con la manera en que su persona resuelve problemas. Creemos de manera sincera que no es la forma adecuada la que usted usa para dar solución a problemas que no necesitan ni de su veredicto ni de su ayuda. La oración expuesta anteriormente va dirigida al suceso de que mande a trabajadores especializados en hacer el trabajo intelectual a deshonrar sus arduos estudios en la universidad limpiando pisos, inodoros, acarreando cajas de colaciones o lustrando sus zapatos.
Que usted sienta envidia de la inteligencia de la mayoría de los obreros de La Empresa y que tenga su puesto de vicepresidente sólo por ser el primo sin futuro independiente del señor Newman, al cual de seguro da lástima, no le da derecho alguno de que se desquite de su insuficiencia de ingenio obligándonos a realizar labores de menor calibre en las que quedamos totalmente en ridículo pues usted bien sabe que nuestro fuerte es el cerebro, no los bíceps.
La dictadura que se crea cuando se ausenta su único superior en este lugar es enfermante y saca de sus casillas a cualquiera.
Se le ruega, por ende, que se relaje un poco y deje que las cosas fluyan solas. Nosotros sabemos cómo funciona esta empresa desde mucho antes que usted llegara con aires de poder. Métase de una vez en la cabeza, que no todo funcionará como su señoría lo quiere y que jamás van a estar todos de acuerdo a sus pensamientos.
Como segundo se le pediría que dejase de enojarse cuando pierde, y evite a toda costa arruinar o empeorar la situación de quienes lo rodean.
Y por último... ¿Por qué no se va al demonio un rato?
Atentamente
Profesionales de La Empresa.
Sepa usted que intentaré dar el mínimo de rodeos posibles porque lo que tengo que decir es suficientemente puntual.
Estamos realmente hostigados con la manera en que su persona resuelve problemas. Creemos de manera sincera que no es la forma adecuada la que usted usa para dar solución a problemas que no necesitan ni de su veredicto ni de su ayuda. La oración expuesta anteriormente va dirigida al suceso de que mande a trabajadores especializados en hacer el trabajo intelectual a deshonrar sus arduos estudios en la universidad limpiando pisos, inodoros, acarreando cajas de colaciones o lustrando sus zapatos.
Que usted sienta envidia de la inteligencia de la mayoría de los obreros de La Empresa y que tenga su puesto de vicepresidente sólo por ser el primo sin futuro independiente del señor Newman, al cual de seguro da lástima, no le da derecho alguno de que se desquite de su insuficiencia de ingenio obligándonos a realizar labores de menor calibre en las que quedamos totalmente en ridículo pues usted bien sabe que nuestro fuerte es el cerebro, no los bíceps.
La dictadura que se crea cuando se ausenta su único superior en este lugar es enfermante y saca de sus casillas a cualquiera.
Se le ruega, por ende, que se relaje un poco y deje que las cosas fluyan solas. Nosotros sabemos cómo funciona esta empresa desde mucho antes que usted llegara con aires de poder. Métase de una vez en la cabeza, que no todo funcionará como su señoría lo quiere y que jamás van a estar todos de acuerdo a sus pensamientos.
Como segundo se le pediría que dejase de enojarse cuando pierde, y evite a toda costa arruinar o empeorar la situación de quienes lo rodean.
Y por último... ¿Por qué no se va al demonio un rato?
Atentamente
Profesionales de La Empresa.
lunes, 13 de septiembre de 2010
El perro
- Imagínate un perro.
...Pero no uno cualquiera.
Este perro que dibujarás en tu cabeza debe ser de pelo largo, negro en el lomo y trigo en el cuello y pecho. Agrégale sobre cada ojito oscuro y brillante un círculo del último color.
Orejas triangulares y levantadas. Como lobo.
Una cola larga que pueda agitar cuando se ponga feliz.
Su ladrido será potente y amenazador.
Correrá más rápido que cualquier perro que conozcas y dará los saltos más altos. ¿Va quedando bien?
En el agua le salen aletas y bránqueas para nadar a profundidades de submarino y si quiere llegar al cielo para traerte trozos de nube, alas de ángel se despliegan desde su espalda para emprender el vuelo.
Si debe entrar a la madriguera de un ratón se encoge en perfectas proporciones.
¿Quieres verlo rodar por una colina? Él se enrollará para adoptar la forma de una pelota.
Si te falta una cuerda, este perro se estira para reemplazarla.
¿Y sabes algo más?... ¡Puede hablar con los muertos!...
- Pero... ¿Tiene baño?
- ... ¿Disculpe señor?
- Que si tiene baño. Ya sabe. Por si existe alguna urgencia de ese tipo...
- Mmme temo que no señor.
- Perdone, no es lo que busco. Preguntaré al vendedor de la otra acera.
- Sí... No hay problema... ¡Que tenga un buen día!
...Pero no uno cualquiera.
Este perro que dibujarás en tu cabeza debe ser de pelo largo, negro en el lomo y trigo en el cuello y pecho. Agrégale sobre cada ojito oscuro y brillante un círculo del último color.
Orejas triangulares y levantadas. Como lobo.
Una cola larga que pueda agitar cuando se ponga feliz.
Su ladrido será potente y amenazador.
Correrá más rápido que cualquier perro que conozcas y dará los saltos más altos. ¿Va quedando bien?
En el agua le salen aletas y bránqueas para nadar a profundidades de submarino y si quiere llegar al cielo para traerte trozos de nube, alas de ángel se despliegan desde su espalda para emprender el vuelo.
Si debe entrar a la madriguera de un ratón se encoge en perfectas proporciones.
¿Quieres verlo rodar por una colina? Él se enrollará para adoptar la forma de una pelota.
Si te falta una cuerda, este perro se estira para reemplazarla.
¿Y sabes algo más?... ¡Puede hablar con los muertos!...
- Pero... ¿Tiene baño?
- ... ¿Disculpe señor?
- Que si tiene baño. Ya sabe. Por si existe alguna urgencia de ese tipo...
- Mmme temo que no señor.
- Perdone, no es lo que busco. Preguntaré al vendedor de la otra acera.
- Sí... No hay problema... ¡Que tenga un buen día!
sábado, 7 de agosto de 2010
Nuestra colina
- ¡¡Acompáñame a subir la colina!! - Gritaba Christian a Susana mientras ambos agitaban sus infantes piernecitas para subir la cumbre que llevaba a un esbelto limonero en la cima.
Una vez arriba, Christian decía "upa" y automáticamente Susy se encaramaba encima suyo para tantear en lo alto y arrancar un jugoso limón del árbol. Luego se sentaban juntos, tan juntos... Chris sacaba la navaja de su padre de la funda amarrada a su cinturón, luego cortaba el limón justo a la mitad y de su bolsillo sacaba una servilleta arrugada en cuyo interior había... sal. Espolvoreaban sal en sus mitades de limón y los lamían hasta que sus lenguas quedaban ásperas.
- ¿Por qué no intentas cortar tú el limón esta vez?
- Porque no me va a quedar tan bien como a ti - Respondía la dulce y femenina voz de Susana.
¿Y por qué no dejas de mirar sus ojos, Christian? decía una vocecita en la cabeza del niño. Los ojos de Susana eran dos perlas color celeste. Tan lindas. Tan puras. Tan hermosas que Christian no puede separar sus ojos de los de ella.
Siempre se acostaban en el pasto boca arriba y comentaban las formas de las nubes:
- ¡Mira ésa! ¡Tiene como forma de tortuga! - Gritaba emocionado el niño con su dedo índice elevado apuntando al cielo para que su compañera supiera a cuál nube se refería.
- ¡Ooooh! ¡Tienes razón! parece tortuga - Y abrazaba a Chris sin dejar de apuntar su nariz hacia el cielo, para seguir con el juego.
- Hum... ¿Ésa qué forma te parece que tiene? - Seguía el niño.
- Eeeeh... no sé - Seguido escondía su delicada cara en el pecho de su acompañante.
Semanas después:
- ¿Qué color te gusta más, Susy?
- El color de tus ojos.
- ¿Café oscuro? - En tono casi sarcástico.
- Exacto - Esbozó una sonrisa y besó la mejilla de Christian.
Eran días espectaculares para los dos niños, pero a menudo las respuestas de Susana desconcertaban a Christian. Algo en su interior le decía que no era todo como parecía ser. Así que un día, en lo agradable de la cima de su colina (porque eran las dos únicas almas humanas que subían hasta allí), Christian se sentó junto a su querida, buscó una canica y puso sus manos en la espalda, escondiendo la canica en la mano derecha.
- ¿En qué mano está?
- Yo qué sé - Respondió con una agradable curva en sus rosados labios. Christian muy lentamente puso los puños en frente suyo, dejó al descubierto sus palmas y la canica roja relucía aún en su mano derecha. Repitió:
- Ahora ¿En qué mano está?
- Eeeem... como eres zurdo yo diría que en la izquierda.
Ahí fue cuando Christian descubrió que Susana, su compañera desde hace años, era ciega.
Veinte años después ambos están felizmente casados. Susana es telefonista y Christian, pediatra. Tienen dos hijos sanos a los que aman y dedican su vida. El perfecto final feliz.
Una vez arriba, Christian decía "upa" y automáticamente Susy se encaramaba encima suyo para tantear en lo alto y arrancar un jugoso limón del árbol. Luego se sentaban juntos, tan juntos... Chris sacaba la navaja de su padre de la funda amarrada a su cinturón, luego cortaba el limón justo a la mitad y de su bolsillo sacaba una servilleta arrugada en cuyo interior había... sal. Espolvoreaban sal en sus mitades de limón y los lamían hasta que sus lenguas quedaban ásperas.
- ¿Por qué no intentas cortar tú el limón esta vez?
- Porque no me va a quedar tan bien como a ti - Respondía la dulce y femenina voz de Susana.
¿Y por qué no dejas de mirar sus ojos, Christian? decía una vocecita en la cabeza del niño. Los ojos de Susana eran dos perlas color celeste. Tan lindas. Tan puras. Tan hermosas que Christian no puede separar sus ojos de los de ella.
Siempre se acostaban en el pasto boca arriba y comentaban las formas de las nubes:
- ¡Mira ésa! ¡Tiene como forma de tortuga! - Gritaba emocionado el niño con su dedo índice elevado apuntando al cielo para que su compañera supiera a cuál nube se refería.
- ¡Ooooh! ¡Tienes razón! parece tortuga - Y abrazaba a Chris sin dejar de apuntar su nariz hacia el cielo, para seguir con el juego.
- Hum... ¿Ésa qué forma te parece que tiene? - Seguía el niño.
- Eeeeh... no sé - Seguido escondía su delicada cara en el pecho de su acompañante.
Semanas después:
- ¿Qué color te gusta más, Susy?
- El color de tus ojos.
- ¿Café oscuro? - En tono casi sarcástico.
- Exacto - Esbozó una sonrisa y besó la mejilla de Christian.
Eran días espectaculares para los dos niños, pero a menudo las respuestas de Susana desconcertaban a Christian. Algo en su interior le decía que no era todo como parecía ser. Así que un día, en lo agradable de la cima de su colina (porque eran las dos únicas almas humanas que subían hasta allí), Christian se sentó junto a su querida, buscó una canica y puso sus manos en la espalda, escondiendo la canica en la mano derecha.
- ¿En qué mano está?
- Yo qué sé - Respondió con una agradable curva en sus rosados labios. Christian muy lentamente puso los puños en frente suyo, dejó al descubierto sus palmas y la canica roja relucía aún en su mano derecha. Repitió:
- Ahora ¿En qué mano está?
- Eeeem... como eres zurdo yo diría que en la izquierda.
Ahí fue cuando Christian descubrió que Susana, su compañera desde hace años, era ciega.
Veinte años después ambos están felizmente casados. Susana es telefonista y Christian, pediatra. Tienen dos hijos sanos a los que aman y dedican su vida. El perfecto final feliz.
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